Subo por una ladera empinada, pero sólo cuando llego a la cima, me entero que se trata del Everest. Arriba hay una fiesta, hay gente que baila y otros que me hablan, no les entiendo lo que dicen. Me hacen alguna pregunta, o eso es lo que supongo, no sé que contestar. Me uno a ellos y seguimos la fiesta por un rato. Nadie tiene arneses, ni ropa adecuada, ni siquiera sentimos el frío. Pero evidentemente hace frío, aunque no lo sienta, y la nieve se derrite en mi espalda y en mi cara. El viento la seca.
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jueves, febrero 18, 2010
martes, febrero 24, 2009
Sueño con serpientes
Hay hombres que te arruinan un día
y son malos.
Hay otros que te arruinan un año
y son peores.
Hay quienes te arruinan muchos años
y son nefastos.
Pero hay los que te arruinan toda la vida:
esos son los que hay que matar a cascotazos.
y son malos.
Hay otros que te arruinan un año
y son peores.
Hay quienes te arruinan muchos años
y son nefastos.
Pero hay los que te arruinan toda la vida:
esos son los que hay que matar a cascotazos.
El domingo soñé con Cavallo haciendo espaguetti. Yo lo miraba y él decía algo como "Está bueno hacer espaguetti". Aun hoy estoy confundida.
miércoles, enero 21, 2009
La risa y otros demonios
Él me mira. Estamos en la cocina, está vestido de marine, pero es argentino. Internamente estoy preocupada por su próxima incursión en campo de batalla. Pero de qué guerra? No lo sé y por el momento no me importa. Intento reir, me sale algo forzado. Él lo nota. Tiene pelo corto, rubio y evidentemente es mi novio o algo así, pero no lo conozco. Por momentos pienso que nunca pude haberme enganchado con alguien así. Sigo igual. Se levanta y me muestra dos ronchas muy coloradas en su espalda. De repente me siento preocupada por él. No entiendo muy bien por qué. Él lo nota y me dice, risueño:
-Tendrías que haber visto las tortugas, como quedaron atrapadas en las cañerías.
Pienso en eso, y ahora me río. Genuinamente.
-Tendrías que haber visto las tortugas, como quedaron atrapadas en las cañerías.
Pienso en eso, y ahora me río. Genuinamente.
jueves, diciembre 20, 2007
La marea hirviente
Es la tarde, me encuentro en una especie de kermese, hay gente a mi alrededor, especialmente chicos corriendo, con grandes algodones de azúcar de colores. Los gritos se mezclan con la música de los carrouseles, extrañas melodías infantiles que animan a quienes quieren tomar la sortija. Probablemente los adultos están tomando un café en alguno alguno de los locales finamente decorados de la zona, mientras sus hijos disfrutan una tarde al aire libre. Sin embargo, el sol está cayendo, ya el cielo presenta un color anaranjado difuso pero intenso, el mar lejano con su oleaje invita a navergarlo, promete una hermosa postal familiar. Acepto gustosa la invitación y me uno a un numeroso grupo de niños y adultos que se embarcan en una pequeña estructura de madera. La marea está movida, pero no parece peligrosa. Grave error. Mala maniobra del capitán, confusión, gritos, desesperación, la falta de salvavidas se hace evidente, y sólo quienes saben nadar logran llegar a la costa. Por suerte, yo soy una de ellos. La policía ya nos está esperando, pero aseguran que no puede haber supervivientes, decepción, terror, lágrimas, familias destrozadas, una tarde arruinada. Me alejo a una colina lindera y encuentro a un hombre con una gran olla con agua hirviendo. A su alrededor, una imagen macabra: huesos humanos secos dispuestos de forma desordenada. Confirmo que no hay ningún esqueleto completo, sólo huesos separados. Le pregunto al "cocinero", de qué se trata todo eso, a lo que me responde "Son las víctimas del naufragio, hay que revivirlos". Supongo que habrá visto mi cara de asco, "Pero, los esqueletos no están completos! Aparte es ridículo!". No me escucha y sigue cual autómata con su tarea. Lo veo ubicar los restos óseos de forma ordenada, según el tamaño, de mayor a menor. De pronto, comienza a echarlos en la olla y las fibras se forman sobre la superficie. Me pregunto como se formará el cuerpo completo.
domingo, diciembre 16, 2007
Sólo eso quiero
Abro mis manos, las miro y trato de guardar su imagen en mi mente. Cierro los ojos y ya no estoy allí, sino muy lejos. Mis brazos no aguantan estar junto a mi cuerpo y toman vida propia, extendiéndose al unísono, haciendo rozar la piel con el aire que me circunda. De repente, mis ojos vuelven a abrirse y el panorama es distinto al que dejé al comenzar esta experiencia surreal. Miro nuevamente mis manos, parecen saludarme mientras siguen acariciando la brisa que pasa por debajo de ellas, suave y lenta. Miro mis piernas estiradas, mis cabellos que se amontonan en mi frente, miro el paisaje que me circunda y que acompaña este viaje. Veo árboles rojos como torrentes de sangre, que caminan a paso lento tratando de seguirme con sus pesadas hojas violetas, tan grandes que apenas pude apoyar una en mi espalda, para jugar a ser un superhéroe. También hay nidos de extrañas aves, de picos espiralados y multicolores, algunos a rayas, otros con lunares, con plumajes de tonalidades tan vivas que llenan mi corazón de una alegría indescriptible. Sin embargo, lo que más me hace sentir viva es la poca noción del tiempo y de la sociedad que se presenta en mi mente. Ni ayer ni hoy ni minutos ni horas, el sol y la luna se ubican indistintamente en un cielo color esmeralda que apenas contiene esta extraña escena. Por otro lado, los únicos seres con vida que me rodean, son animales o árboles, los humanos parecen no existir. "Mejor así", pienso. De hecho no sé ni siquiera por qué pienso de esa forma, tal vez tanta hermosura me hace egoísta, no puedo concebir que otra persona cuente como yo esta asombrosa visión. Resuelvo dejar de pensar en ello y me detengo solamente en las ramas onduleantes de los árboles, que se retuercen alcanzándome frutas de distintos tamaños y colores, completando con asombrosa poesía toda la paleta de tonalidades de cualquier talentoso artista. Reviso el cielo nuevamente y ya la luna ha alcanzado al sol.
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